OPINION: El equilibrio invisible -maternidad y liderazgo en la era del trabajo remoto-

Juliana Hurtado, Country Lead de Intel Colombia y directora de Ventas de Consumo para Intel LatAm.

Un lunes cualquiera, reviso reportes desde mi escritorio en casa mientras coordino reuniones con mi equipo en distintas zonas horarias. Sé que en otra parte del mundo una colega ingeniera responde correos antes de llevar a su hija al colegio y una analista de datos, sin hijos, extiende su jornada para atender clientes que están en otros horarios. Así es el día a día de muchas mujeres en tecnología: el teletrabajo ha cambiado nuestras dinámicas, ofreciendo flexibilidad, sí, pero también desafiando los límites entre la vida personal y profesional.

Cuando comenzó el auge del trabajo remoto, parecía la respuesta ideal para lograr el balance perfecto. Y en muchos sentidos lo ha sido. Pero no se puede ignorar que también ha traído desafíos como la dificultad de balancear la vida personal con los entornos laborales. En el caso de las madres, la oficina y el hogar se fusionaron por completo, haciendo que la jornada laboral se alargue sin pausas. La clave, para muchas, está en transformar la maternidad en una fuente de aprendizaje e inspiración. Nos toca aprender sobre la marcha, buscar apoyo y, sobre todo, redefinir nuestras propias reglas para hacer que funcione.

De hecho, si nos detenemos a analizar esta situación, la maternidad sigue siendo un factor determinante en la trayectoria profesional de muchas mujeres. En Colombia, según datos actualizados del Departamento Nacional de Estadística (Dane), la participación laboral femenina en 2025 se mantiene por debajo de la masculina, con una diferencia cercana a los 25 puntos porcentuales. Esta brecha muestra los obstáculos que las mujeres enfrentan para mantenerse en el mercado laboral, especialmente cuando se convierten en madres.

Y si miramos más de cerca, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reportó en 2024 que la tasa de ocupación de las madres en Colombia sigue estando varios puntos porcentuales por debajo de la de mujeres sin hijos. La falta de redes de apoyo, las limitaciones en flexibilidad laboral y la percepción de que la maternidad ‘afecta la productividad’ siguen pesando en el crecimiento profesional de muchas. Pero cada vez somos más las que demostramos que sí es posible combinar ambas facetas sin renunciar a ninguna.

Desde mi experiencia, y la de muchas colegas, ser mamá y líder es un gran reto, pero también una oportunidad. Nos obliga a organizarnos mejor, a priorizar con más claridad y a encontrar maneras de ser más eficientes. La maternidad nos da habilidades que la industria necesita: gestión del tiempo, resiliencia, capacidad de respuesta rápida y una empatía que fortalece los equipos de trabajo.

Normalizar la maternidad en el entorno laboral

Para quienes lideramos equipos es fundamental que normalicemos en el entorno laboral que somos mamás. Esto quiere decir que si es necesario mover una reunión o tomarla por teléfono porque hay que llevar a un hijo al pediatra o a una presentación en su colegio, debe ser visto como algo natural y lejos de una ‘falta de compromiso’. La visión del teletrabajo para una C-level en casa va más allá de tener todo perfectamente bajo control, sin interrupciones, pues la realidad es otra.

Es completamente normal que, en medio de una reunión virtual, un hijo interrumpa y termine apareciendo en la pantalla. Son situaciones que no deberían ser motivo de incomodidad ni para la madre ni para la empresa. Al contrario, son ejemplos de que se puede lograr un balance real entre la vida profesional y personal, y de que las organizaciones están evolucionando para permitirlo.

Para ponerlo en perspectiva, el Dane encontró que, en Colombia, las mujeres que trabajan remoto dedican el doble de horas semanales adicionales a tareas domésticas en comparación con los hombres. Aún con esa carga extra, seguimos liderando, innovando y demostrando que podemos gestionar múltiples responsabilidades con éxito. Pero esto no debería depender solo del esfuerzo individual. Las empresas tienen un papel fundamental en crear políticas que permitan a las mujeres –madres o no– crecer y consolidarse en sus carreras sin verse obligadas a elegir entre su vida personal y profesional.

Un camino hacia la equidad

A pesar de estos retos, las mujeres en tecnología han demostrado ser un pilar fundamental para la industria. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la inclusión de más mujeres en tecnología podría aumentar el crecimiento económico de América Latina. Y en el ámbito del teletrabajo, un estudio de Accenture revela que las personas que trabajan de manera remota tienen un 30% más de probabilidades de reportar un mejor equilibrio entre vida y trabajo cuando cuentan con políticas adecuadas de flexibilidad.

El teletrabajo no es una solución perfecta, pero sí una herramienta poderosa cuando se usa bien. Para que realmente funcione, las compañías deben ofrecer las condiciones adecuadas, ir más allá de la flexibilidad y garantizar redes de apoyo que creen un entorno inclusivo, con equidad de oportunidades y en el que nosotras, las mujeres, nos sintamos tranquilas y con la libertad de cumplir con nuestros compromisos tanto familiares como laborales.

La innovación no solo se trata de tecnología, sino también de las personas que la impulsan. Muchas organizaciones han reconocido que el liderazgo de las mujeres en esta industria, incluidas aquellas que son madres, aporta una visión estratégica única, marcada por la capacidad de gestionar múltiples frentes y fomentar equipos diversos y resilientes. En respuesta, empresas como Intel han adoptado la diversidad y la inclusión como pilares estratégicos, implementando políticas que además de promover la equidad, potencian el talento femenino a través de programas de mentoría y el impulso al liderazgo.

El desafío no está en elegir entre la vida personal y la profesional, sino en construir un entorno donde ambas puedan coexistir sin sacrificios desproporcionados. La tecnología es el futuro, y ese futuro debe ser construido con la participación activa y equitativa de las mujeres.

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