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Una fábrica que detiene su producción, una empresa que deja de atender a sus clientes o un proveedor tecnológico cuyos problemas terminan afectando a muchas otras organizaciones. El ransomware ya no representa únicamente un incidente informático: puede convertirse en una crisis capaz de paralizar operaciones, incumplir contratos y generar importantes pérdidas económicas.
Entre enero y junio de 2026 se confirmaron 4.699 ataques de ransomware en el mundo, lo que representa un incremento del 16,5% frente al mismo periodo de 2025, de acuerdo con el análisis presentado por ESET. Las cifras muestran que esta modalidad de cibercrimen continúa creciendo y, además, opera con una estructura cada vez más profesional.
El ransomware es utilizado por grupos criminales para comprometer los sistemas de una organización y ejercer presión sobre ella. Su principal ventaja para los atacantes es que explota una necesidad urgente: recuperar la continuidad del negocio y reducir el impacto provocado por la interrupción de las operaciones.
Un negocio criminal cada vez más organizado
Una de las razones detrás del crecimiento es la consolidación del llamado ransomware como servicio, conocido como RaaS. Bajo este modelo, grupos especializados ponen su infraestructura, herramientas y conocimientos a disposición de otros delincuentes, lo que facilita que nuevos participantes se sumen a estas operaciones.
El fenómeno se parece cada vez menos a la actividad aislada de una persona y más a una industria clandestina, con funciones diferenciadas, servicios especializados y colaboración entre distintos actores.
Durante el primer semestre de 2026, los grupos Qilin, The Gentlemen y Akira concentraron el 33,5% de todos los ataques confirmados.
Qilin encabezó la lista con 722 ataques. Entre los elementos que lo diferencian se encuentra el asesoramiento legal que ofrece a sus afiliados, una práctica poco habitual incluso dentro de este entorno criminal.
The Gentlemen se ubicó en segundo lugar, con cerca de 550 ataques. Según el análisis, su avance se relaciona con la capacidad de estudiar las defensas de sus víctimas y adaptar sus herramientas para superar los controles de seguridad existentes.
Akira completó los tres primeros lugares con más de 300 ataques, mientras DragonForce acumuló una cifra cercana. Este último grupo busca convertirse en una infraestructura que permita a otras organizaciones criminales lanzar ataques utilizando sus propias marcas, una señal de cómo el cibercrimen continúa transformando su modelo de operación.
No todas las empresas son atacadas por la misma razón
Los sectores más afectados fueron los de servicios empresariales, manufactura y tecnología. La elección no es casual: los atacantes se concentran en organizaciones donde detener las operaciones puede resultar especialmente costoso.
En una empresa manufacturera, paralizar una línea de producción puede representar pérdidas millonarias. En el sector de servicios, una interrupción puede afectar a clientes, contratos y compromisos comerciales. En tecnología, el impacto puede extenderse rápidamente cuando la víctima es un proveedor de software o servicios utilizado por otras compañías.
Mario Micucci, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica, explica que la continuidad del negocio se ha convertido en uno de los principales mecanismos de presión utilizados contra las víctimas. Cuanto más costosa sea cada hora de inactividad, mayor puede ser la presión para pagar un rescate.
La transformación digital también amplía el número de posibles puntos de entrada. Las empresas dependen cada vez más de servicios en la nube, accesos remotos, proveedores y terceros. Cuando estas conexiones no están adecuadamente protegidas, pueden convertirse en oportunidades para los atacantes.
América Latina también está en la mira
Estados Unidos fue el país con más ataques confirmados durante el semestre, con más de 2.000 casos. Le siguieron Alemania, Reino Unido, Canadá y Francia.
En América Latina, Brasil registró más de 100 víctimas, seguido por México, con cerca de 80; Argentina, con 39; y Colombia, con 33.
La telemetría de ESET también detectó 195 instancias de ransomware en Brasil entre enero y mayo, relacionadas con nueve familias que operan bajo el modelo de ransomware como servicio.
En Guatemala se identificaron señales vinculadas con grupos como Akira y DragonForce. En Chile, Qilin fue el ransomware con más detecciones y alcanzó un pico de 19 durante enero.
Estas cifras muestran que la región no está fuera del radar de las organizaciones criminales. La digitalización de las empresas, la dependencia de proveedores tecnológicos y la necesidad de mantener las operaciones disponibles hacen que compañías de distintos tamaños puedan resultar atractivas para los atacantes.
Una amenaza que sigue evolucionando
Lejos de perder fuerza, el ransomware continúa transformándose en una actividad más rentable, organizada y especializada.
El crecimiento de los ataques, el liderazgo sostenido de grupos como Qilin, The Gentlemen y Akira, y la aparición de estructuras como DragonForce reflejan un entorno criminal en el que la colaboración y la división de funciones ganan protagonismo.
El problema ya no se limita a archivos o computadoras comprometidas. Detrás de cada ataque puede haber una fábrica detenida, clientes sin atención, contratos afectados y empresas que deben tomar decisiones bajo presión.
El ransomware avanza porque ha entendido algo fundamental: en una economía cada vez más conectada, detener una operación puede ser tan perjudicial como perder información.
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